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Bajo el AzulFotografia submarina en Almeria

Inmersiones

Isla de San Andrés

La inmersión de la Isla de San Andrés, frente a la capital: perfil del fondo, profundidad, corriente habitual y qué fauna se encuentra.

Islote rocoso mediterraneo visto desde el mar con acantilados ocres y agua azul profunda en primer plano
Islote rocoso mediterraneo visto desde el mar con acantilados ocres y agua azul profunda en primer plano

Frente a la costa de Carboneras, a menos de un kilómetro de la orilla, se alza un pequeño conjunto de dos islotes volcánicos que da nombre a uno de los puntos de buceo más completos de Almería. La Isla de San Andrés fue declarada Monumento Natural en 2003 y reúne más de diez hectáreas de fondos sumergidos, con un abanico de inmersiones que va desde los cinco hasta los treinta y dos metros de profundidad.

Su principal virtud es la versatilidad. Al tratarse de una isla, casi siempre hay una cara resguardada del viento, y las profundidades moderadas permiten organizar una primera inmersión y un buceo más exigente en la misma jornada. Es, por eso, el punto que muchos buceadores eligen para empezar a conocer la zona.

Qué es la Isla de San Andrés y dónde se encuentra

La isla se localiza en el Levante Almeriense, frente al municipio de Carboneras, muy cerca de la playa de la Puntica. En realidad son dos islotes, uno mayor y otro menor, de origen volcánico, con una superficie emergida de alrededor de hectárea y media. Su baja altura y su cercanía a la costa han permitido el asentamiento de aves marinas como gaviotas, cormoranes y charranes.

La figura de Monumento Natural protege tanto la parte emergida como los fondos que la rodean. La pesca está vetada en su entorno, y esa circunstancia explica la abundancia y la variedad de vida que se encuentra bajo la superficie. El espacio forma parte además de la red europea Natura 2000 como zona de especial conservación, con la pradera de posidonia entre los hábitats prioritarios.

Qué relieve se encuentra bajo el agua

El fondo que rodea la isla combina laderas de roca volcánica, paredes, bloques y praderas de Posidonia oceanica que descienden hasta fondos de arena. La roca está tapizada de invertebrados: esponjas, gorgonias, colonias de pequeños antozoos y una gran variedad de nudibranquios que hacen las delicias de quien fotografía de cerca.

El relieve más conocido es una montaña sumergida en la cara de poniente. Su parte menos profunda se sitúa en torno a los cinco metros y en su centro se abre una oquedad amplia, conocida como el cráter, cuyas paredes descienden hasta unos treinta metros. Se baja por el interior y se sale por un arco inferior que abre hacia mar abierto. Es una inmersión muy fotogénica, con contraluces y recovecos, que exige control de flotabilidad porque el fondo de la oquedad es de arena y se levanta con facilidad.

Otro punto singular es el pecio de un motor de gran tamaño, restos de un avión de la Segunda Guerra Mundial que acabó en el fondo y que hoy reposa a unos veintisiete metros, colonizado por la vida marina. La historia del hallazgo se ha contado muchas veces en la zona y conviene tratarla como lo que es: un pecio, no un objeto que se pueda tocar o mover.

Qué profundidades y qué nivel pide cada cara

La cara norte es la más somera y la más adecuada para buceadores con poca experiencia: poca profundidad, pequeñas cuevas y pasadizos, y pradera de posidonia cerca. La cara oeste, en cambio, ofrece una ladera que va de los diez a los veinticinco metros, con grietas y grandes recovecos donde se concentra la fauna de roca. Entre ambas, la isla permite graduar la dificultad con solo cambiar de lado.

La práctica inexistencia de corriente en la mayoría de los puntos es otro de sus atractivos. Esa calma hace que el buceo sea cómodo, pero también obliga a no confiarse: sin corriente que marque el rumbo, la orientación depende por completo de la lectura del relieve y de la brújula.

Qué fauna se ve alrededor de la isla

La lista de especies habituales es larga. En las praderas y sobre la arena se ven salpas, sargos y serránidos; en las grietas y extraplomos aparecen pulpos, nacras y bancos de corvinas. Las paredes cubiertas de invertebrados son el mejor lugar para la fotografía de detalle. En los meses cálidos, entre mayo y septiembre, es posible cruzarse con peces luna y con bancos de barracudas, lechas y dentones que se acercan a las laderas.

Esa riqueza tiene una contrapartida evidente: al estar dentro de un espacio protegido, la observación se hace sin tocar nada. No se recolecta, no se alimenta y no se persigue a los animales. La guía de fauna del Cabo de Gata amplía la información sobre los hábitats y las especies del entorno.

Qué normas se aplican en un monumento natural

La declaración como Monumento Natural en 2003 y su inclusión en la red Natura 2000 como zona de especial conservación implican un régimen de protección estricto. La pesca está vetada en el entorno de la isla, y el buceo se realiza sin extraer nada, sin tocar la roca y sin molestar a la fauna. Los hábitats prioritarios del espacio, entre ellos la pradera de posidonia y las cuevas marinas sumergidas, son precisamente los más frágiles.

Esa protección explica la abundancia de vida que se encuentra alrededor de los islotes, pero también obliga a una conducta cuidadosa. Mantener una flotabilidad fina, no apoyarse en el fondo y no perseguir a los animales son gestos que, además de ser obligatorios, mejoran cualquier inmersión.

Cómo plantear la inmersión

Lo razonable es decidir el perfil antes de entrar, en función de la experiencia del grupo. Una inmersión suave puede quedarse entre los cinco y los dieciocho metros, recorriendo la cara norte y la pradera, con una duración holgada. Una inmersión más exigente puede bajar al cráter y al motor, en torno a los treinta metros, con un tiempo de fondo más corto y una parada de descompresión prevista.

Antes de salir conviene comprobar la previsión de viento y oleaje, porque aunque la isla ofrece siempre una cara resguardada, el trayecto en barco puede condicionar la salida. Ya en el agua, el orden que funciona es descender por la cara sombreada, recorrer el relieve sin prisa y volver por el lado iluminado, dejando el azul a la espalda. Al terminar, anotar la cara elegida, la visibilidad y la temperatura permite repetir la jornada con criterio. La sección de inmersiones reúne los demás puntos de la zona y la de fotografía submarina explica cómo documentarlos.